Danzando en el Teclado

Escribir me ayuda a sacar lo que llevo dentro, a sacar mis miedos, mis dudas, mis inseguridades.

Siempre que me pongo a escribir lo hago casi sin pensar; es decir, dejo que mis dedos vuelen, “dancen” sobre el teclado, sorprendiéndome a veces de las palabras, las frases que van apareciendo en la pantalla.

      De esta manera a veces surgen textos demasiado tristes, demasiado dolorosos, porque no tengo un buen día, porque me duele mucho, porque tengo un bajón anímico; pero escribo, sigo mi danza.

      Y sigo escribiendo porque necesito sacar de mí, sacar de dentro, la rabia, la impotencia, la ansiedad que un dolor nuevo, que una nueva crisis me provoca.

Escribo, pero no lo publico, porque mi objetivo es ayudar, animar, promover una actitud positiva ante la enfermedad; así que entre bastidores, en mi blog, hay diversas entradas sin publicar, que no llegan ni a ser entradas, son reflexiones, gritos desesperados de dolor.

      Esta es mi segunda entrada de hoy; sí, no es un buen momento. Un dolor nuevo, una limitación más, pérdidas, ansiedad, desesperación y bajón anímico que asumir, que aceptar una vez más.

      Así es mi amiga la fibromialgia, siempre sorprendente; y lo que empieza como un “parece que he cogido frío y me duele la espalda”, “ya se pasará”, acaba cronificándose, convirtiéndose en un dolor crónico más, un dolor crónico que sumar a la lista.

Vivir con Fibromialgia supone un reto constante, puesto que es una enfermedad en constante evolución (ojo, que no digo degenerativa, no, no lo es); es una enfermedad viva, no sé si me explico.

      La fibromialgia  no para; ya no son sólo los múltiples Síndrome y síntomas asociados que se van sumando al diagnóstico de la enfermedad, (llegado este punto hay que recordar que no todos evolucionamos igual, hay personas que tiene fibro y ningún síndrome asociado). Son las nuevas zonas doloridas que se añaden, no sé, por aburrimiento, por simpatía, por joder, no conozco el motivo, pero en mi caso, cada vez son más las partes afectadas por el dolor crónico.

      Los primeros síntomas de mi fibro aparecieron en los brazos, dolor y más dolor que se cronificó, y 17 años después aún continua. El segundo dolor en aparecer fue en las piernas, tras unas horas de actividad (de vida normal) que normalmente suelen ser 3, cuando paro, cuando me siento, al levantarme e iniciar la marcha me duele la pierna izquierda, la ingle izquierda dificultandome el andar, así que durante unos minutos ando cojeando, despacio y con mucho dolor, pero como digo, a los pocos minutos se pasa. Este dolor que nadie ha sabido explicar ni calmar,  también me acompaña 17 años.

Y así, uno tras otro, se han ido sumando las zonas de dolor, manos, cadera, muslos, espalda baja, costado izquierdo, y ahora la espalda, en la zona de las vértebras torácicas, ahí, justo ahí, me duele hasta respirar, me duele hasta andar, me duele hasta pensar.

      Así estoy, soy capaz de estar activa 3 horas, trabajar, pasear, comprar, limpiar, lo que sea; (aunque a veces necesito descansar, parar unos minutos para poder seguir). 3 horas, a partir de ahí el dolor se hace fuerte y va aferrándose a mis músculos, a mi cuerpo y se hace con el control.

No importa el dolor, el cansancio, el miedo.
La vida sigue siendo increíble y a otro ritmo, pero vale la pena disfrutarla, sentirla, vivirla.
Adelante, #SiempreAdelante

Pese a todo, sigo adelante, Siempre Adelante, como estaréis cansados de leer;  sigo adelante porque sigo viva, y aunque muchos opinen que vivir con dolor crónico no es vida, que esto no es vivir, yo digo que sí, por supuesto que sí.

Vivir con dolor crónico es vivir, es tener una vida distinta a la de los demás, pero es vivir, porque mi dolor no me impide disfrutar de lo verdaderamente esencial de la vida, de mi vida; no me impide disfrutar de mirar al cielo y ver el sol que me llena de energía; no me impide disfrutar de los ratitos en la cama jugando con mi hija; no me impide disfrutar de un intercambio de mensajes con amigos, con otros pacientes que llenan de color mis días; no me impide disfrutar de compartir momentos con los míos.

No me impide vivir; a otro ritmo, ya lo he dicho muchas veces también, pero vivir. Tengo dolor crónico, tengo fibromialgia y disfruto de la vida, sigo pensando que es maravillosa, y sigo siendo optimista.

Tengo fibromialgia y dolor crónico y soy feliz.

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