Aceptar la Fibromialgia no significa rendirse; aceptar significa aprender a vivir de nuevo

Es Verano y tengo Fibromialgia

Claro que, en Invierno también tengo Fibromialgia.

Aunque para ser más correcta, debería decir, que los últimos 16 veranos los he pasado con Fibromialgia

Pues eso, es Verano, estamos ya en Agosto, y yo, un año más, tengo Fibromialgia.

Y no es por hacer spoiler, pero ya os digo, que no es buena combinación.

No, no lo es.

A pesar de ser, mi estación favorita, porque ya sabéis que adoro el sol, el calorcito, la playa, la piscina; para mi, verano y Fibro no se llevan bien.

Vivo en Alicante, eso creo, que también lo sabéis.

No es que aquí haga un calor extremo, hay días, que mientras nosotros tenemos 30º, otras ciudades alcanzan los 40º, por ejemplo (aún no he podido olvidar el calor de Zaragoza). Si bien es cierto, que la humedad es bastante elevada en la costa, lo que hace que la sensación térmica sea unos grados superior.

Como decía, no hace un calor extremo, pero sí es cierto que tenemos un clima maravilloso, con un invierno escaso y suave, vemos el sol más días por año.

Para mí, un lujo, la verdad.

Vamos a la playa….

Siempre he sido muy largatija, tumbarme al sol, vuelta y vuelta.

Con mi música, un libro, y agua fría, podía pasar horas en la playa. Siempre con protección solar, claro. Imaginad la cantidad de botes que he gastado en mi vida.

Y es que, a mí, el mar, me relaja, me encanta, me enamora.

Con Fibromialgia, céntrate en vivir, sentir, en disfrutar.
Céntrate en ser feliz.

Tiene un poder tremendo sobre mi, me da energía, me llena de vida, me provoca una profunda calma.

Ahora bien, cuando no estoy en un buen momento, físico, emocional, económico, laboral, sentimental….. se convierte en mi mayor confidente, en mi mejor terapia, ya que me ayuda a sacar lo que llevo dentro, lo que me hace daño.

Así, me he visto en más de una ocasión, frente al mar, llorando, gritando hasta romperme, puesto que sólo llegando a romperme, soy capaz de resurgir, más fuerte, más #SiempreAdelante.

Pero sigamos en la playa

Desde que a los 16 años, empecé a ir por mi cuenta, sin mis padres, los veranos eran sinónimo de playa para mi.

Y digo verano, por decir algo, puesto que, ha habido años, que he alargado la temporada playera, con baño incluido, de Marzo a Noviembre.

Cuando nació Mi Heredera, los primeros veranos fueron complicados, su Dermatitis Atópica, nos ponía a prueba cada fin de semana.

«El agua del mar es buena para la piel» decía su pediatra; ¡Que bien, playa! pensaba yo; claro que luego por lo bajini, nos decía, pero que no toque la arena, que le da reacción; que no sude, que le da reacción; que no le de el sol, que le da reacción; que el bañador no sea de fibra, que le da reacción……

¿Y que hago? ¿cojo un barco y la lanzo con una caña de pescar al agua?

Pese a todo, íbamos a la playa.

¡Qué veranos!

¡Qué recuerdos!

Si mi hija y su piel, no me quitaron las ganas de sol, agua, playa; mi amiga Fibromialgia tampoco lo va a conseguir.

Aunque me lo pone muy complicado, esa es la verdad.

Un sherpa camino de la orilla

No es fácil ir a la playa con Fibromialgia, al menos para mí, no lo es.

Aunque le pongo empeño, y ganas, muchas ganas; no me resulta sencillo, llegar a la playa y plantar la tumbona frente al mar.

Primero porque necesito mis cosas para estar cómoda.

Esto se traduce en:

  • Tumbona. Lo de tumbarse en la arena, hace años que lo descarté.
  • Cojín para el cuello, para evitar que me duela.
  • Una toalla más, que liadita me sirve de cojín lumbar
  • Nevera con agua, indispensable por la sequedad de boca que me producen algunos medicamentos.
  • Sombrilla para poner la cabeza a la sombra de vez en cuando
  • Neceser con protectores solares, cara, cuerpo, pelo; con agua de avena, para calmar la piel irritada

Cargar con todo esto yo sola es agotador; pero hay algo más agotador aún, que acaba con mi energía en cuestión de segundos, dejándome exhausta.

La arena.

Sí, andar por la arena, es pesado para cualquiera, pues imaginad para alguien con la energía justita, con Fibromialgia.

Playas Accesibles.

Aquí entramos en el tema de la Accesibilidad de las Playas.

Alicante cuenta, en toda la provincia con más de 80 Banderas Azules, playas que han obtenido el Certificado de Calidad, por el cumplimiento de determinadas normas en cuanto a, calidad del agua y servicios entre otros.

Tenemos Playas Accesibles también, que nos facilitan llegar hasta la orilla.

Por ejemplo, la playa a la que yo solía ir, San Juan de Alicante, tiene más de 6 kilómetros de largo, y unos 80 metros de ancho.

Y en toda esta distancia, sólo hay un punto accesible.

Pero bueno, nos quedamos con lo positivo; hay uno.

La verdad, es que he ido pocas veces a ese punto, a pesar de ser una playa, tan grande, tan larga, a veces encontrar aparcamiento no es fácil, y sinceramente, me conformo, con aparcar cerca de uno de los accesos y no tener que andar mucho.

Objetivo: la orilla

Como os decía, la arena me agota.

Son unos 80 metros de ancho, 80 metros que te separan del agua.

De estos 80, no sé exactamente cuántos están cubiertos por el caminito de maderitas; sólo sé, que en cuanto pongo un pie en la arena, adelantar el otro me supone un gran esfuerzo.

Tanto que en apenas una decena de metros, ya estoy agotada y tengo que parar.

Esto es vivir con Fibromialgia.

Parar, descansar, y reiniciar el camino, otros pocos metros más, y otra parada, así hasta llegar a la orilla, donde la arena húmeda, me facilita la tarea de andar.

Agotador.

Llegar a la orilla, es agotador.

Aún así, llego, y planto mi tumbona en la arena, frente al mar.

Lo he conseguido.

Mi Fibromialgia y yo lo hemos conseguido.

Me preparo, ordeno todo, y con el calor que hace, y el esfuerzo que he hecho, estoy muerta.

Pero el agua me llama.

Fibromialgia en remojo

El mar Mediterráneo no suele estar frío, es tranquilo; aunque a veces, parece de mal humor, y el oleaje complica el baño.

Pero por lo general, es muy pacífico.

Mi Fibromialgia disfruta en el agua.

Nos podemos mover mejor, los movimientos son más suaves y ligeros. Soy feliz moviendo los brazos, las piernas, sin apenas esfuerzo, sin apenas dolor.

Claro que en la playa, la cosa cambia.

Hay que entrar al agua con mucho cuidado, porque un escalón, un agujero, que a simple vista no vemos, puede provocar un mal movimiento y disparar el dolor.

Y de las olas, ya ni hablamos, no puedo dejar que rompan en mi espalda, porque me hacen daño, y luego me quedo como si me hubieran dado una paliza.

De manera, que no queda otra, que entrar despacito al agua, y vigilando con atención las olas.

Eso, sí, os aseguro que vale la pena.

Un baño en el mar, te ayuda, te anima, te refuerza; al menos, a mí me pasa; y salgo del agua como nueva, feliz, radiante.

Voy alternando la tumbona y el agua. Y de verdad que me podría pasar horas así.

Aunque no siempre es posible.

La postura, la tumbona, la arena, el cojín, todo me acaba molestando; de manera, que toca recoger.

Y volver al coche…..volver a atravesar la arena, esta vez, más cansada aún.

El camino de vuelta se me hace interminable, me da la impresión, que mientras yo estaba tumbada al sol, o en el agua, los 80 metros de arena, se han convertido en 8000, y no puedo.

De vuelta a casa

Feliz, aunque cansada, muy cansada, vuelvo al coche, y a casa.

Vuelvo a repetir, que me encanta el sol, el mar, la playa, la arena. No obstante, en cuanto meto la llave en la cerradura de mi casa, entro en modo obsesivo, y me me pone muy nerviosa notar la arena en la piel; sentir como la sal, forma una capa y me pica.

No queda otra, que entrar directa al baño, y a la ducha; os aseguro que entro, cierro la puerta, dejo las llaves, y voy directa a la ducha, soy incapaz de tocar, de hacer nada.

Pero la cosa no acaba aquí, por supuesto que no.

Una vez duchada y libre de arena y salitre; toca lavar toalla, bañador, bolsa, chanclas…..

Entonces ya me puedo relajar, y es en ese preciso instante cuando empiezo a notar el sobreesfuerzo realizado, andar por la arena, cargar con todas las cosas, pasar tiempo en la tumbona, volver a andar por la arena, conducir.

Es como si de repente, me cortaran los hilos que me mantienen en pie, y en consecuencia, no me puedo levantar, no me puedo mover.

Buscando alternativas

Hace unos pocos años, acudía varias veces por semana a la playa.

Este número, se ha ido reduciendo a la mínima expresión; el año pasado fui 3 veces, este año, aún no he pisado la arena.

Supone demasiado esfuerzo, demasiada carga; y si además, sumamos que trabajo más horas, pues sinceramente, no me quedan fuerzas, ni ganas.

Con Fibromialgia, no hay mejor medicina, que tener pensamientos alegres.

Lo cual, no quiere decir, que renuncie al sol, al agua; ya sea en piscina, o en mi preciosa terracita en Finestrat.

Me conformo, con darme un chapuzón en la piscina en el trabajo, o en casa de amigos, o incluso ducharme con la manguera, mientras tomo el sol en la terraza.

Hay que adaptarse, hay que aceptar las limitaciones, los cambios de rutinas, de vida, de ritmo.

Aceptar, adaptarse y disfrutar.

De eso se trata, de eso va mi, #SiempreAdelante.

De pese a todo, y precisamente; por todo, ser feliz, vivir, sentir, disfrutar la vida.

Y si una sola vez, puedo pisar la playa, ese día seré la persona más feliz del mundo, os lo puedo asegurar.

Como también os aseguro, que ya sea, en la piscina, o en mi terraza, soy la persona más feliz del mundo, dado que, yo decido lo que me hace feliz.

Y decido ser feliz con lo que tengo.

Disfrutándolo al máximo, y aprovechando cualquier oportunidad que me presenta la vida.

No voy a la playa; no obstante, este finde, toca hotelito con piscina, relax, sol. La excusa, la fiesta sorpresa de cumpleaños de una amiga que vive en otra ciudad.

No hago todo lo que antes podía, ¿y qué?

Con Fibromialgia es mejor centrarse en el presente, en lo que puedes hacer y disfrutar. El pasado quedó atrás y no se puede cambiar.

Para mí, es más importante, hacer cosas que me hacen feliz ahora, que me llenan ahora, que me emocionan ahora.

El pasado fue genial, pero es eso, pasado; y no va a volver, y, por supuesto, tampoco quiero que lo haga.

De manera que me aplico el «Hakuna Matata», Vive y sé Feliz.

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