Viajar con Fibromialgia. Zaragoza

Fibromialgia y Desconexión

A veces,cuando vives con una enfermedad como la Fibromialgia; es necesario desconectar, olvidarte de todo, de todos.

Dejar que la vida te sobrepase, que siga su ritmo, para poder simplemente vivir, disfrutar, sentir la vida; Un modo de hacerlo es viajar, a pesar de la Fibromialgia, viajar.

Con Fibromialgia, mi vida siempre es en plural. Incluso al viajar.

Claro que cuando «yo desconecto», no lo hago yo sola, en singular; más bien «nosotros desconectamos», puesto que, por mucho que yo quiera, por mucho que lo intente, siempre voy acompañada por mis «queridos amigos» Fibromialgia y Dolor Crónico.

«Nosotros desconectamos», somos un pack, una triada inseparable.

Los que me conocéis, me seguís en Redes Sociales, (Twitter, Instagram, Facebook), sabréis que hace tiempo elegí centrarme en las cosas buenas que tengo en mi vida; y son muchas, os lo aseguro.

Con esta premisa, encaro mi vida, mi día a día.

Y con esta premisa, también afronto mis momentos de ocio.

Qué me duele, pues sí, por supuesto; qué tengo limitaciones sea festivo o laboral; también.

Pero como siempre digo, no me para, la Fibromialgia no me para, sólo me hace más lenta.

Viajes y Fibromialgia

Una vez más, me he lanzado a la aventura de viajar.

Una escapada, un viaje de fin de semana para celebrar, que estamos, que vivimos, que somos felices.

Un viaje en pareja.

El destino elegido, en esta ocasión, ha sido Zaragoza, una ciudad preciosa, que nos ha servido de punto de partida para realizar diversas excursiones.

Ya he contado en otras entradas del blog, cómo preparo los viajes, los criterios que sigo para elegir destino, y los aspectos a tener en cuenta cuando viajas con Fibromialgia y Dolor Crónico.

Así que, ahora os voy a contar el viaje, que ya os anticipo ha sido espectacular.

Mi Fibromialgia y yo, en Zaragoza

Por qué elegimos esta ciudad; sencillo, es una ciudad plana, accesible para caminar a mi ritmo; cercana a muchos sitios también interesantes; y porque inocentemente, pensamos……Zaragoza, seguro que no hace tanto calor. (sí, ya podéis empezar a reíros)

Todo empezó el viernes, al salir de trabajar ya me estaba esperando mi chico, así que a media mañana, iniciamos la marcha.

Felices, hablando sin parar, cantando a voz en grito todas las canciones de nuestra lista favorita, los años ´80.

Así iban sucediéndose los kilómetros.

Ya os digo, que ilusos de nosotros, pensábamos que íbamos a abandonar el tremendo calor de Alicante, por unos días.

Pero no, nada más lejos de la realidad.

Y nos dimos cuenta en la primera parada que hicimos para comernos los bocatas que llevábamos, y estirar un poco las piernas.

¡Dios santo, qué calor!

Fue bajar del coche, y quemarnos; entrar en el mismísimo averno.

No recuerdo ni dónde estábamos, sólo sé, que el calor quemaba mi piel, mis fosas nasales, mi boca.

Un infierno.

Podréis imaginar que la parada duró unos segundos, ya que, enseguida nos refugiamos en el coche.

Bendito aire acondicionado.

Calor.

Llegábamos al hotel, sobre las 15 horas.

Aparcar fue fácil, en la misma puerta, ahora bajar del coche y entrar en el edificio, no tanto.

Frente a nosotros el luminoso parpadeante de una farmacia nos recordaba la hora; la hora de nuestra muerte, porque a 41 grados, yo casi vi mi vida pasar por delante de mi.

De todas formas, tras unas horas de viaje, salir a caminar, era misión imposible, independientemente de la temperatura.

Estar tanto tiempo sentada, había incrementado el dolor de mi espalda, de la cadera y de las piernas.

De manera que tocaba descansar.

Viajar con Fibromialgia
Viajar con Fibromialgia

Descansar

Muchas veces, cuando digo que me paso la tarde en la cama, o que necesito descansar, tumbarme un rato; la gente piensa, incluso han llegado a decirme: «Normal que tengas problemas de sueño, si te pasas el día en la cama, no estás cansada» o «Si duermes de día, de noche no tendrás sueño».

No voy a decir lo que me dan ganas de contestar, sólo diré que me acuerdo de la familia, de toda la familia, …..(perdón)

Para mí, descansar es eso, descansar.

Tumbarme de lado en la cama, para que no me duela más la espalda; estirarme para evitar el dolor.

No duermo, sólo me estiro, me relajo, e intento no pensar en el dolor.

Tarde en Zaragoza.

Después de un rato descansando y de una ducha, estoy preparada para salir.

De manera, que me pongo mona y a la calle.

Andando, sí andando; el hotel está cerca del centro, y en 10 minutos nos plantamos ante la Basílica de El Pilar.

Recuerdos de Infancia.

Mi primera visita a Zaragoza, fue hace muchos años, era yo pequeña.

Sabéis que yo soy de Bilbao, aunque con apenas 3 años, mis padres se trasladaron a Alicante, y desde entonces vivimos aquí.

Al tener a la familia tan lejos, los viajes a Bilbao eran habituales. Y en uno de esos traslados, nos acompañaban familiares, que venían a Alicante a pasar unos días.

Si tenemos en cuenta el estado de las carreteras, hace 40 años, podéis imaginad cómo eran esos viajes, esos 800km, se hacían eternos; así que las paradas eran obligatorias y abundantes.

Una de esas paradas fue en Zaragoza, y claro, visitamos El Pilar.

Ahora no, pero en aquellos tiempos, la plaza estaba llena de palomas, y alguien tuvo la genial idea de que los niños nos cogiéramos de las manos y echáramos a correr todos a la vez, para espantar a las aves, e inmortalizar tan bello momento en una foto.

Qué bonito, verdad.

La idea era buena, pero la organización no, hicieron una fila de mayor a menor, y yo; yo era la menor. De manera que cuando empezamos a correr, los mayores, evidentemente tenían más fuerza y velocidad.

El resultado es que volé, literalmente volé y acabé estampandome en el suelo.

Sangre, sudor y lágrimas me costó mi primera visita a la Virgen de El Pilar.

Haciendo turismo

A mi ritmo caracol, recorrimos las calles de la ciudad, y me encantó.

Fue una primera tarde de risas, de andar, de compartir.

Y sobre todo, fue una primera tarde de gastronomía. ¡Qué bien se come en Zaragoza!

Paseando por El Tubo, descubrimos barecitos, rincones preciosos, donde degustar tapas de todo tipo, acompañadas siempre de buen vino. Bueno, no siempre vino, que menuda cogorza hubiéramos pillado.

Estaba cansada, sí; no olvidéis, que me había levantado a las seis, para ir a trabajar, y después me había metido en el coche unas horas.

Cansada, pero feliz, muy feliz.

Y es que, a veces, como decía, es necesario desconectar.

Olvidarte del trabajo, de la casa, de la lavadora, de la compra, y hasta de los hijos.

Viajar sin hijos.

Sí, de los hijos también.

Tenemos todo el derecho del mundo a irnos de vacaciones sin los hijos, disfrutad de unos días con nuestra pareja, o solos, da igual.

Pero disfrutar, de la paz, la tranquilidad.

Es el segundo viaje que hago sin mi hija, sin mi heredera.

Me lo merecía, nos lo merecíamos los dos, mi pareja y yo.

La primera vez que salí de viaje sin ella, (ojo, que se queda con su padre, no la dejo sola), fue el año pasado, una escapada a Granada que ya os conté.

Siempre digo que mi hija, es lo más importante del mundo, que es mi motor.

Pero también tengo derecho a vivir mi vida, sin culpabilidad, sin reproches, y así lo hago.

Soy una buena madre, e irme de viaje sin ella, también forma parte de la educación, de los valores, que intento inculcarle.

Segundo día de ruta.

El sábado, bien temprano, iniciamos la ruta.

Un poco preparada, un poco a la aventura.

Primera visita programada, Borja, no podíamos estar tan cerca, y no pasar a ver el famosísimo Ecce Homo, que una mujer con toda la buena intención del mundo, intentó restaurar.

Tras ver el museo, el monasterio y la preciosa capilla, donde se encuentra el fresco. Dejamos la huella de nuestra visita.

Para mí, fue algo más que escribir nuestros nombres en un papel, como recuerdo de nuestra visita. Para mí, supuso decirle al mundo que sí, que estoy aquí.

Viajar con Fibromialgia
Viajar con Fibromialgia.
Borja.

Que sigo #SiempreAdelante, que no me rindo, ni me rendiré jamás, y mientras pueda lucharé por disfrutar, por vivir, por sentir la vida; que es maravillosa.

No contra el Dolor Crónico, ni contra la Fibromialgia, esa es una batalla perdida.

Yo prefiero luchar por vivir, por crear preciosos #ViviendoMomentos que atesorar.

Después de Borja, elegir destino, fue tan sencillo como abrir google maps y ver qué había cerca.

Y elegimos Tudela, (Navarra).

La distancia no era mucha, así que tras otro corto viaje, llegamos a la ciudad.

Sólo puedo decir, que todo lo que vi, me encantó, era precioso. La Plaza de los Fueros, La Catedral, las distintas Iglesias, Palacios y Mansiones que adornan la ciudad.

No podía faltar, la gastronomía, evidentemente.

Recorrimos la Plaza de Los Fueros de bar en bar, de pintxo en pintxo.

En Tudela, el paseo fue más largo, caminamos distraídos por las calles llenas de gente, calles adoquinadas, por las que a veces, no es fácil mantener el paso firme.

Zapatos para hacer turismo

Para el viaje, elegí 2 pares de sandalias bajas, casi planas. Pensando que serían buena opción, ya que son cómodas.

Pero no, me equivoqué; son cómodas para dar un paseo; pero no para andar, para hacer turismo. Eso sí, son monísimas, claro.

Y el zapato es parte importante del día a día, cuando vives con una enfermedad como es la Fibromialgia.

Para trabajar, a diario, uso zapatillas de deporte, supercómodas, prefiero invertir en calidad y no sumar daño a mi ya elevado, Dolor Crónico.

No es que las sandalias me amargaran el viaje, pero no me lo facilitaron. Aguanté bien, a pesar de que con el paso de las horas, mis piernas se resentían.

Así que ahora, me encuentro en fase de búsqueda de calzado, de sandalias ultra cómodas, para los 8 días que vamos a ir de vacaciones a Berlin y Londres.

Otra vez a descansar.

Después de comer en Tudela, iniciamos el camino de vuelta al hotel.

De nuevo, para descansar.

Así funciono en vacaciones, ese es mi ritmo.

Necesito parar, tumbarme y descansar.

Reponer fuerzas, energías, para poder seguir.

Sólo así, consigo manejar el Dolor Crónico, y puedo disfrutar de los viajes.

La tarde del sábado, también la dedicamos a pasear y cenar por Zaragoza.

Relax total.

Más risas, menos problemas.

Y sobre todo; felicidad, plena y absoluta.

Domingo, ruta y retorno.

El domingo lo teníamos lleno de planes, queríamos visitar varias localidades, así que decidimos salir temprano.

Mi Fibromialgia no me produce demasiada rigidez por las mañanas, de manera que, para mí, es relativamente sencillo empezar el día activa.

La primera parada planeada era en Belchite, y de ahí a Albarracín.

Aunque por el camino, vimos una señal, que hizo que nos desviáramos, Fuendetodos, lugar de nacimiento de Goya.

En Albarracin, paseamos, disfrutamos del paisaje, del silencio del pueblo, de la paz y la tranquilidad que provoca un entorno tan maravilloso.

De vuelta a casa

Tras comer en Albarracin, iniciamos el camino de vuelta a casa; felices por haber disfrutado al máximo de estos dos días, nos metimos en el coche, pensando, al menos yo; en llegar a casa y descansar.

Pero como las cosas no son siempre como las imaginas; la vuelta fue un tanto dispersa, diría yo; sí, dispersa.

Y es que cuando se pierde la cobertura, entre montañas, tener GPS no sirve de mucho, pero es algo que ahora, ya, sabemos.

El camino hasta Alicante, se hizo largo, muy largo.

Con el paso de los kilómetros, mi dolor se iba incrementando, y aunque paramos a estirar las piernas, llegué a casa, bastante perjudicada.

Con dolor, sí, pero posiblemente la persona más feliz del mundo.

Feliz

Sí, FELIZ, así en mayúsculas, porque así me sentía, contenta, enamorada, feliz de haber pasado un fin de semana inolvidable.

Y eso es algo, que la Fibromialgia nunca me podrá quitar, el recuerdo de haber disfrutado, de haber vivido días perfectos, en los que os puedo asegurar, que me he centrado, en eso, en disfrutar, en sentir cada segundo.

Como os decía antes, hace tiempo que decidí, centrarme en vivir; y es lo que hago.

Porque bastante dura es esta enfermedad, bastante me limita, como para encima, pasarme el día pensando en ella y quejándome.

No, yo elijo mis pensamientos, elijo mis sueños, y ahí no tiene cabida el dolor.

Vivo, disfruto y soy feliz.

#SiempreAdelante.

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