Granada

Me parece una ciudad preciosa, sin igual; es impresionante cuando subes al Mirador de San Nicolás, y a pesar del bullicio propio de los turistas, todo a tu alrededor desaparece, se silencia, para dejar paso a la majestuosidad de La Alhambra.

Al menos a mí es lo que me sucede, el mundo se para, enmudece para dejarme admirar con calma, la inigualable belleza de la ciudad andalusí.

Sí, estoy de viaje, visitando la ciudad andaluza y aprovechando para relajarme y olvidarme en la medida de lo posible de la pesadilla vivida estas últimas semanas.

Pero como sabéis nunca viajo sola, siempre me acompaña mi fiel amiga la Fibromialgia, además de en esta ocasión,  mi pareja.

Esta vez el viaje ha sido en coche, pensaba yo, ingenuamente, que sería sencillo, 350km, 3´5 horas, sentada cómodamente en el asiento del copiloto; pues no. No ha sido así.

La fibro se ha comportado, imagino que por la emoción del viaje, y con la ayuda del cojín cervical, y cambiando de postura cada 5 minutos, llegué bastante bien; es decir, me costó sólo unos minutos enderezarme y poder andar, nada excesivo si tenemos en cuenta lo que supone para mi cualquier tipo de sobreesfuerzo.

Aún me quedaron fuerzas para salir por la noche a cenar y dar una vuelta por la ciudad, tan bonita a esas horas. Pero, porque hay un pero evidentemente, siempre hay un pero; la noche no acabó bien, sencillamente no acabó, y me dieron las tantas, y vi pasar todas las horas del reloj sin poder dormir.

Después del día de estrés, trabajo, biopsia, viaje, paseo nocturno, yo, ingenua, creí que dormiría tan plácidamente, pero no fue así, entre el dolor provocado por la biopsia, (nunca pensé que pudiera doler tanto), el cansancio y dolor acumulados durante el día por la fibro, la emoción de estar de viaje, el cambio de cama, de almohada….. me pasé la noche en vela; dando vueltas. 

Y es en esos momentos, en esa noche en vela, cuándo te cabreas con la fibro, contigo misma y con el universo entero; porque yo sólo quería pasar un fin de semana en condiciones, olvidarme de todo, del dolor, de la fibro, de mi despistada cabeza, del bulto, de la amenaza del cáncer, de los problemas, y disfrutar junto a mi pareja de unos días inolvidables. 

Pero no, no podía ser todo tan bonito y perfecto, tenía que aparecer la fibro para recordarme que la vida no es justa, y el dolor de la biopsia para confirmarme que a veces es hasta muy puta. Y ante esta situación no pude hacer más que llorar, llorar por no ponerme a gritar que quiero una vida normal, sin médicos, sin medicación, sin dolor……. porque ya no recuerdo cómo era la vida sin dolor. 

Imagino que como muchos otros enfermos crónicos, lloré en el silencio de la noche; lloré por mis limitaciones, por mi familia, amigos, pareja que sufren mi fibromialgia; lloré porque no quiero estar enferma, no quiero tener dolor las 24 horas del día.

Me vacié, saqué todos mis miedos, mis dudas y temores, y ya más tranquila pude pensar qué no vale la pena quejarse y desperdiciar el tiempo con lamentos y llantos, no, no vale la pena. Puesto que pese a todo, pese a la noche sin dormir, el cansancio, el dolor, el miedo; estaba en Granada con la persona a la que quiero, ¿qué más se puede pedir?, nada, os lo aseguro.

Nada, porque a pesar de que la fibro me limita, (no quiero hablar de cáncer hasta no saber los resultados), estoy VIVA, y es maravilloso vivir.

Vivir con la mente puesta en disfrutar, en sentir cada momento. De manera que después de enjugar mis lágrimas, vuelve a hacerse fuerte mi pensamiento de Siempre Adelante, siempre, porque yo soy el centro de mi vida, no la enfermedad, y así va a seguir siéndolo.

Y decidí salir a disfrutar de la ciudad, volver a recorrer sus calles con la ilusión de la primera vez, porque realmente era la primera vez que la veía con otros ojos. 

Así conseguí que el sábado, a pesar de la lluvia, de las horas caminando, del frio, del cansancio, del dolor, fuera un día increíble que no cambiaría por nada del mundo. Decidí dejar la cobardía, el miedo, las quejas y lamentos en el hotel y me lancé a vivir, a disfrutar, a sentir cada segundo del viaje. Y fue maravilloso, os lo aseguro.

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