Viajar con Fibromialgia

Mi Fibromialgia y yo de vacaciones

Amiga Fibromialgia, aún no son, ni las 4 de la madrugada, y aquí estamos, sin dormir, porque en apenas unas horas iniciamos el Viaje de Nuestras Vidas.

Pues sí, aquí estamos, mi Fibromialgia y yo; aún queda un rato hasta la hora de irnos al aeropuerto; y ya sé que no son horas, pero es lo que hay.

Mi amiga Fibromialgia y yo, haciendo guardia, velando el sueño de mis compañeras de viaje, mi hija y mi madre, que descansan; no sé si muy tranquilamente, antes de lo que, un poco exageradamente, he denominado, El Viaje de Nuestras Vidas.

Que a muchos os puede parecer una tontería, que no es para tanto, lo entiendo; pero para nosotras, este viaje, tiene muchos significados.

Por si nadie se ha enterado ya, nos vamos a Berlín, ciudad donde pasaremos unos días, y después a Londres.

8 Días en total, 8 intensos días, llenos de entusiasmo, de pasión, de ilusión.

Sobre todo, 8 días de andar.

Miedo. Fibromialgia

Ante un viaje, no puedo evitar sentir miedo.

Por diferentes motivos:

  1. Cuando lo reservamos, surge el miedo a, ¿y si estoy en crisis en esas fechas?
  2. Según se va acercando la fecha ¿y si no aguanto el ritmo?

El miedo es libre, y por mucho que me repita, «Maite dejate de ‘y sis’ y céntrate», no puedo evitarlo.

Incluso ahora, que casi estamos en el avión, me siguen asaltando las mismas dudas.

Da igual los viajes que haya hecho, que hayan resultado perfectos.

Tengo Fibromialgia y como ya he contado en varias ocasiones, esta es una enfermedad que no avisa, simplemente surge una crisis, y ya está.

Con Fibromialgia no renuncio a viajar

Límites. Fibromialgia

Igualmente, en diversas entradas del blog, he hablado de mi energía, de mi fuerza; ambas están limitadas.

Es sencillo de explicar y entender; yo tengo energía para un número determinado de horas, su duración depende, al mismo tiempo, del esfuerzo realizado.

Por ejemplo, en uno de esos domingos de sofá, series, libros, ordenador y poco más, uno de esos domingos caseros, aguanto todo el día, porque el desgaste de energía, es poco.

En cambio, un día laborable normal, con sus 6 horitas de trabajo, mi energía dura eso, 6 horas, 8 a lo sumo; y ya no puedo hacer nada, excepto tumbarme y descansar.

Mi vida es así, contar horas, calcular energía.

Horas y energía que se reducen en momentos de crisis, o si anteriormente he realizado un sobreesfuerzo.

Viajando

Y si algo tiene mis viajes, es sobreesfuerzo.

Sí, porque pienso, que ya que vamos, pues hay que ver, hay que disfrutar, me da igual que sea Zaragoza, Granada, Amsterdam o Berlín.

Los viajes, las ciudades, son para sentirlas, para vivirlas; y eso hacemos.

En esta ocasión, he comentado al principio, viajo con mi hija y mi madre, las 3 solas; 3 generaciones que se entienden, que disfrutan de los viajes en compañía.

Siempre he sido muy tikismikis a la hora de viajar con compañía, porque yo concibo los viajes de una manera, con un ritmo; y suele ser complicado coincidir en gustos.

Por ejemplo, soy enfermizamente puntual, sí, de las que llegan antes de la hora acordada; y me molesta muchísimo que la gente no lo sea. O también, otro ejemplo; me gusta visitar, siempre que es posible (por tiempo y dinero), iglesias, museos, plazas. Me gusta recorrer las ciudades, y para ello, lo mejor es madrugar y andar, parando lo justo para comer, (bueno eso era antes).

Y como digo, encontrar compañeros de viajes con mis gustos y preferencias no es fácil, así que siempre he hecho viajes en pareja, o como en esta ocasión, con mi hija y mi madre. Creo que nunca he viajado con amigos, y muy pocas veces con otros familiares.

Y si antes tenía manías, y costaba encontrar quién se adaptara a mi ritmo; ahora con Fibromialgia, (bueno los últimos 17 años), peor aún.

Me sigue gustando madrugar, sigo siendo puntual, pero claro, mi ritmo es otro; ha bajado.

Con Fibromialgia, borra de tu mente el "no puedo"

Me llevo a la Fibromialgia de paseo, que vea mundo

Es algo que siempre digo, ¡Qué vea mundo!

Mi Fibromialgia, no me para, sólo me hace más lenta, y por supuesto no renuncio a viajar, mientras pueda, (por economía y salud), lo seguiré haciendo.

Y la verdad es que este año 2019, no se puede quejar, la he paseado bien. Empezamos en Barcelona en marzo, seguimos al mes siguiente en Mallorca, visitamos Zaragoza en Julio, Yecla (Murcia) en agosto, y en este mismo mes volamos a Berlín y Londres.

Septiembre también será viajero, aún no sé donde, pero mi cumpleaños lo pasaremos fuera; después en octubre toca Madrid, y no sé cómo acabará el año.

No está mal, ¿verdad?

Está siendo un gran año.

Pero sigo teniendo miedo. Ante cada viaje, surgen los mismos miedos.

¿Y si…?

Pasan los minutos, se acerca la hora.

Lo tenemos todo preparado hace días, semanas, incluso meses, algunas cosas.

Pero el miedo sigue.

En mi memoria aún están frescos los días pasados en Amsterdam el año pasado, un viaje inolvidable, sin duda, espectacular, fantástico, increíble. Claro que también recuerdo la parte mala; recuerdo, cómo cada día el camino de vuelta al hotel, era una tortura, cada paso que daba, suponía un tremendo esfuerzo, apenas podía andar, el dolor de espalda, de cadera, de piernas era tan fuerte, que en más de un momento, creí desmayarme por el dolor.

Lo peor, pese a todo, no era este camino de vuelta, sino, una vez en el hotel, moverme por la habitación. Puesto que una vez que paro, mi Fibromialgia es tan simpática, que volver a andar se vuelve una tarea imposible.

Recuerdo cómo al llegar al hotel, me sentaba en la cama, y a partir de ese momento, para moverme necesitaba ayuda.

Afortunadamente, el dolor, el agotamiento, se pasaban con descanso, de manera que, me metía en la cama temprano, muy temprano, para poder recuperarme y estar disponible, para caminar al día siguiente.

Endorfinas, nuestras amigas

En Amsterdam fueron 5 días, igual que en Barcelona.

Muchos pacientes me han preguntado cómo pude hacerlo, cómo pude aguantar, y la respuesta es sencilla.

Nuestras amigas las Endorfinas, me ayudaron mucho, muchísimo.

Cómo sabéis, las endorfinas, son sustancias químicas que produce nuestro organismo, y que estimulan el cerebro, exactamente las zonas donde se generan las emociones placenteras; así que, juegan un papel muy importante en nuestra felicidad.

Las endorfinas nos ayudan a disfrutar de la vida, por eso se las llama, la hormona de la felicidad. No obstante, lo más importante, es que también son un analgésico natural, sí, ayudan a mitigar la sensación de dolor.

Fibromialgia y viajes

¿Y cómo generar endorfinas? os preguntaréis; pues muy sencillo, no hay pastillas, ni inyecciones, ni nada, ninguna forma, con la que podamos añadir endorfinas a nuestro cuerpo.

Sin embargo, es, como os digo, sencillo. Nuestro cuerpo las genera de diversas maneras, por ejemplo:

  • Ríe; sí, reír genera endorfinas, así que busca, céntrate en lo que te hace feliz, y sonríe.
  • Tener pensamientos alegres, positivos. Pensar en cosas que te gustan, que te hacen feliz.
  • Hacer ejercicio, adaptado a ti, evidentemente, moderado y con cuidado.
  • Hacer cosas que te gusten, escribir, pintar, ganchillo, puzzles, lo que sea, siempre que te guste y te relaje. (viajar)
  • El sexo, sí, practicar sexo.

Viajar, incluye muchas de esas actividades, supone hacer ejercicio, hacer algo que me encanta, reír, reír sin parar, mientras mi mente se mantiene positiva y feliz. (Y si es con mi pareja, pues hago un completo)

Haz más de eso que te hace feliz

Ni mejor, ni peor

Con esto quiero decir, que mi Fibromialgia no es ni mejor, ni peor, que la de otra persona, mi dolor no es ni más ni menos fuerte que el de otra paciente.

Y digo esto, porque también se me ha cuestionado, he recibido mensajes, comentarios, del tipo…»no estarás tan mal si….», «si tuvieras fibromialgia no podrías…».

Es sólo que genero endorfinas, genero muchas endorfinas, por la emoción que supone, al menos para mí, viajar.

Sigo teniendo Fibromialgia, pero puedo viajar porque las endorfinas me ayudan un poco.

Según esta explicación, es sencillo adivinar lo que ocurre, cuando el viaje se acaba, y me encuentro en mi casa de nuevo. El nivel de endorfinas va cayendo, hasta normalizarse, en consecuencia, el dolor repunta, se dispara.

Mi Fibromialgia es real, muy real.

Sin embargo, puedo viajar, limitada, a otro ritmo, pero puedo viajar, y me encanta hacerlo, y lo haré siempre que pueda.

Aprendiendo

El viaje a Amsterdam, me enseñó algo; con el descanso me recupero.

De manera que con esta máxima, planteamos el viaje a Barcelona, en esta ocasión, cambiaríamos el horario. Pensé que descansar, volver al hotel después de comer, para descansar un poco, me ayudaría.

Funcionó, vaya si funcionó.

Cada día, después de comer, volvíamos al hotel, yo me tumbaba, sin dormir, simplemente estar tumbada, hablando, comentando, riendo, como mi hija y mi madre. Permanecía así un par de horas, quizás un poco más, y a la calle de nuevo.

Así, los días eran más largos, los disfrutábamos más, y yo no llegaba al extremo, al límite como en Amsterdam. Fue un viaje con menos dolor, y por tanto, del que no me costó tanto recuperarme.

El Viaje de Nuestras Vidas, lo hemos planteado así, madrugar, ruta por la mañana, comer, vuelta al hotel, descanso, y a seguir disfrutando de la ciudad.

El Viaje de Nuestras Vidas

Suena muy pomposo, lo sé.

Es un viaje muy especial, una gran carga sentimental detrás.

Los que me conocéis, sabéis un poco la historia.

Es una historia de superación, de dolor, de retos, de pérdidas.

Mi historia.

Emma, ha cumplido 18 años este mes, el pasado día 1, y hace meses, mi madre, dijo que le pagaba un viaje.

La niña feliz, la abuela contenta, y la madre, osea, yo, preocupada.

Preocupada porque veía a mi niña viajando sola por Europa, ¡mi niña!

Emma y yo tenemos una relación especial, muy estrecha, pasar tantos años sola, superar problemas, vivir mi enfermedad, nos ha unido; no voy a decir que soy su mejor amiga, porque no lo soy, y tampoco lo pretendo. Soy su madre, pero nuestra conexión es especial.

Basándome en esa conexión y conociendo a mi hija, le propuse hacer el viaje juntas.

Aceptó, sin pensarlo, aceptó.

Yo me pagaba mi parte, y juntas recorreríamos dos ciudades europeas.

Juntas por Europa

Nos costó decidirnos, Milán, Roma, París, Londres, Berlín, Copenhague, Dublín, Estocolmo, fueron algunas de nuestras opciones, finalmente, como sabéis, elegimos Berlín y Londres.

Ya teníamos la ruta, podíamos empezar a concretar, tenía que ser en Agosto, porque era el mes de su cumpleaños, y porque así me daría tiempo a ahorrar.

Mientras nosotras planeábamos el viaje, mi madre también planeaba algo.

Apuntarse, si señor; apuntarse al viaje. Y Emma que, es como es, una buena niña, y que le encanta viajar con nosotras, dijo que de acuerdo, que perfecto.

Haríamos el viaje las tres juntas.

Y aquí estamos, a punto de salir para el aeropuerto, a hacer realidad un sueño.

Me voy de viaje, nos vamos de viaje, y prometo disfrutar cada instante, prometo crear recuerdos, #ViviendoMomentos, que por supuesto, os contaré.

Me voy de viaje, y soy feliz, muy feliz; y me llevo a la #Fibromialgia conmigo, al #DolorCrónico, deseando que no hagan de las suyas; porque yo pienso seguir #SiempreAdelante.

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