Quizás

Cuando vives con fibromialgia, con dolor crónico, sabes donde están tus límites, pero a veces no hay otra opción y pese a conocer las consecuencias, los tienes que traspasar.

     Quizás hoy no debería ponerme a escribir, no; porque estoy tan dolorida y exhausta que no encuentro palabras positivas, ni amables, ni optimistas.

     Quizás hoy debería callarme, dejar el teclado y ponerme a ver la tele, sin  más aspiraciones que dejar pasar el tiempo hasta que sea una hora razonable para irme a la cama.

     Quizás.

Porque hoy es un día de esos, bueno, esta es una semana de esas, que se alargan irremediablemente hasta el infinito en su empeño por destruirme y acabar con mi energía, mi paciencia, mi vitalidad.

     Una semana eterna, y sólo estamos a miércoles, una semana nefasta, penosa, una semana aciaga. 

     Llevo 3 días arrastrando;  sumando y cada vez me cuesta más mantenerme en pie; cada vez me cuesta más moverme, avanzar, cada vez más.

     Y lo peor es que no puedo decir basta, no puedo frenar este declive. Lo más triste es que me tendré que acostumbrar a ello, sencillamente porque la vida es así.

Así que hoy le gritaría a todos aquellos que se quejan de que su equipo ha perdido el último partido, de que el esmalte de uñas no les dura nada; hoy les gritaría a los que dan lecciones de , hay que hacer ejercicio, hay que llevar una dieta sana; hoy a todos esos, les gritaría ¡Que no puedo andar!, me oís, ¡no puedo andar!

     Es tanto el dolor que cuando llego a casa a medio día me siento, me tumbo y solo siento dolor, y no puedo moverme, no puedo andar. 

     Y sabéis por qué no puedo andar, sencillamente porque he trabajado, 6 horas, no es ni siquiera una jornada laboral, he trabajado 6 horas, limpiando, y las 18 horas restantes del día las paso descansando, sin hacer nada, o arrastrándome para simplemente poner una lavadora, rabiando de dolor al agacharme, al levantarme, al hacer el más mínimo esfuerzo.

Esto es vivir con Fibromialgia, vivir con Dolor Crónico; esto es enfrentarte al dolor las 24 horas del día, sin tregua, sin descanso. Esto es vivir midiendo tus esfuerzos, controlando los tiempos; pero a veces, no puedes evitar pasarte, como vengo haciendo yo últimamente, porque aunque arrastre enfermedades, síndromes y síntomas varios, hay que vivir, y eso supone gastar, gastar en comer, en tener un techo, en ropa, en limpieza, en gasolina… Y que nadie se atreva a darme lecciones de economía doméstica, de dieta saludable, de limpieza ecológica, de consumo responsable, porque hoy no es el día más adecuado.

     Pero en el fondo, sigo siendo yo; la loca optimista que nunca se cansará de gritar ¡SIEMPRE ADELANTE!

A pesar de que en días como estos, me cuesta un poco más, tengo que esforzarme más, pero en el fondo, reconozco que hoy también soy feliz, porque he recibido ese mensaje de buenos días, porque he pasado junto al mar, porque hoy ha salido el sol, porque en casa me esperaba mi hija, porque adoro mi casa, porque… tengo muchos motivos para ser feliz, muchísimos; y pese a que sé que probablemente sufriré dolor crónico toda mi vida, y tendré limitaciones siempre, soy feliz. 

     Lo cual no quiere decir que no patalee, grite y llore a menudo, porque seamos sinceros, no es justo vivir con dolor; nadie merece vivir con dolor.

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