Escribo para recordar. Fibromialgia

Seguimos en Londres

Aguanta amiga Fibromialgia, 3 días más, nos quedan 3 días en Londres.

Quizás os esté aburriendo con tantas entradas sobre mis vacaciones, (Berlin y Londres), pero como os contaba en la anterior, quiero compartir con vosotros mis aventuras, pero también, al mismo tiempo, quiero dejar constancia de ellas, para que me sirva de impulso, cuando por la Fibromialgia, me fallen las fuerzas en mi #SiempreAdelante

De manera, que si os parece bien, seguimos en Londres.

Después del intensísimo primer día que habíamos pasado, este segundo, tampoco se iba a quedar atrás.

Paseando a mi Fibromialgia por Hyde Park

Hyde Park es el parque más grande y antiguo de Londres; y teníamos una entrada a dos calles de nuestro hotel.

A lo que hay que añadir, que a mi madre, le hacía ilusión visitar el Memorial a Diana de Gales.

Motivos más que suficientes para incluirlo en nuestra ruta. En ese segundo día, atravesaríamos el parque para llegar al Palacio de Buckingham y ver el famoso Cambio de Guardia.

Atravesar Hyde Park, parece sencillo, ¿verdad?, es un parque y lo cruzas.

Pues no, no lo es, no lo fue.

Piensa en 3 mujeres, 3 generaciones, compartiendo momentos únicos, paseando, alegre y felizmente por un parque. Distrayéndose con las ardillas, con los espectaculares árboles, (os recuerdo que vivo en Alicante, nuestro paisaje es marrón, terrizo), y riendo.

Sobre todo riendo.

Dejándonos llevar, sin pensar en recorridos, y sin prisa.

Fuente en Memoria de la Princesa Diana

No sé los kilómetros que recorrimos, dando vueltas, viendo los innumerables memoriales que hay en el parque, hasta que llegamos al de Diana de Gales.

Mi Fibromialgia y yo en Hyde Park
Buscando el Memorial Diana

Del que no tengo fotos.

No, no las tengo; el motivo, sencillo, fue tan decepcionante, que ni caí en hacerlas, ni mi madre quiso ponerse, por tanto, os pongo alguna que he encontrado, para que lo veáis y entendáis la situación.

El dichoso Memorial de Diana, es un recinto vallado, con una fuente así, como ovalada, y ya está. Una plaquita en la puerta, que como llegamos temprano aún no habían abierto.

Mi madre, y la verdad, es que nosotras también, esperábamos un monumento, unas velas, puede que incluso flores. Pero una simple fuente, no sé, me parece escaso; claro que, eso sí, la fuente era grande.

Si la Fibromialgia, no lo había conseguido; evidentemente, este pequeño fiasco, no nos iba a amargar el día, de manera que continuamos nuestra ruta. 

Y antes de salir de Hyde Park, tuvimos una grata sorpresa.

Como os he comentado, nos dirigíamos a Buckingham Palace a ver el Cambio de Guardia, pero de repente, en los últimos metros antes de abandonar el parque, escuchamos un ruido que rápidamente, identificamos como cascos de caballos acercándose.

Aclaración: no vayáis a pensar que somos expertas en tema equino, nada más lejos, somos muy de ciudad, y excepto en la Granja Escuela, a la que Emma acudía cada año, nuestro contacto con el mundo animal, es bien escaso. 

No obstante, sabíamos que en el cambio de guardia hay caballos, y que se desplazan de unas caballerizas a otras, de manera que, instintivamente, y al unísono, gritamos ¡Caballos! y corrimos a su encuentro. 

Bueno, correr, correr, aceleramos el paso, que tampoco estamos mi Fibromialgia y yo para hacer maratones.

La Caballería en Hyde Park

Contentas e ilusionadas, continuamos el camino.

Buckingham Palace

Seguro que recordáis, por otros viajes, otros post, que si algo somos, es exageradas con la puntualidad, con los tiempos.

En la preparación e investigación previa, habíamos comprobado, que si bien el evento, el acto en sí, empieza a las 10:30, es conveniente llegar antes para coger sitio y verlo en condiciones.

No, no nos fuimos a pasar la noche allí, mal pensados, que ya os estoy viendo venir. No obstante, es cierto que tras curiosear a través de la valla a, y mirar por aquí y por allá, escogimos ubicación, cuando aún faltaba una hora para el inicio del acto.

Nuestra ubicación, en el centro, justo frente a la puerta principal del Palacio, en las escaleras de una fuente.

Era un sitio perfecto, nos permitiría ver a los que vinieran por ambos lados, y como no, el cambio.

Ahora bien, al sol, a pleno sol.

Pasamos el rato sentadas en los escalones, con las piernas encogidas, y viendo el espectáculo previo al Cambio de Guardia, esto es, 2 detenciones de la policía a supuestos ladrones, la policía desalojando a gente de sitios donde no se podían parar.

Lo mejor de todo, un policía, un Bobbie, animando el ambiente, sí, sí, en serio, muy divertido, el hombre en medio, animando a aplaudir a una zona y después a otra, iniciando una «ola» que recorría toda la plaza. Un espectáculo, de verdad.

Respecto al Cambio de Guardia, pues muy bonito, aunque, para mí, un poco aburrido, y largo.

En primer lugar, porque no es fácil, con Fibromialgia, estar más de una hora sentada en un escalón, con las piernas encogidas, y a pleno sol. Afortunadamente yo siempre llevo, (además de la protección solar) un espray con agua de avena, para refrescar y calmar la piel.

Y en segundo lugar, porque tampoco es fácil para mí y mi Fibromialgia, después de estar tan encogida, levantarme y estar de pie otra hora, quieta, sin moverme del sitio.

A pesar de todo, valió la pena, por supuesto que sí.

Sin descanso

Al finalizar el Cambio de Guardia, y antes de que la gente se moviera, salimos de la zona.

Teníamos pensado pasear, ver tiendas, curiosear, y eso hicimos.

Mi Fibromialgia y yo en Londres
No podía faltar, la foto con la reina

Caminar, ver tiendas, comprar, parada para comer, y nuevamente, se nos había pasado la hora; nuestro plan de ir al hotel después de comer a descansar un poco, se vio frustrado; no obstante, mi Fibromialgia iba aguantando bastante bien.

Eran casi las 16h, y nos encontrábamos lejos del hotel, de manera que, pensamos, pues vamos a seguir, y esta tarde acabamos pronto para descansar. Evidentemente mi Fibromialgia no estaba muy de acuerdo, pero bueno, ya le daríamos su protagonismo al llegar al hotel.

Dicho y hecho, un metro y a Harrods.

Harrods

Harrods….otro mundo.

Nada más entrar, yo le decía a Emma, «se nota, pero de lejos, que somos pobres, y venimos a mirar», pero, ¿y qué nos importa?, nada, absolutamente nada.

Al pasar por la sección de Belleza, donde la más simple crema antiarrugas cuesta más de lo que yo gano en un par de meses, inspiraba fuerte y le decía a mi hija «ya siento cómo se me van las arrugas», «respira, respira, que hasta el aire es del bueno».

Fuimos recorriendo planta por planta el centro comercial, admirando el lujo, la belleza; aunque mi madre se escandalizaba ante lo llamativo de algunas creaciones (mi madre ha sido modista, de trajes de novia más concretamente) y más que fijarse en marcas y diseños, ella iba mirando costuras, tejidos, y patrones.

Navidad en Harrods

Os voy a contar algo de mí, no me gusta la Navidad, las celebraciones en general, las veo tan falsas y llenas de cinismo, que siempre que puedo las evito; pero claro en una familia tan pequeña como la mía, pues a veces es complicado.

No obstante, adoro la decoración navideña, sí, en ese sentido soy muy friki, por mí, en Navidad convertiría mi casa en un festival navideño; normalmente, el resto del año, soy muy discreta en cuanto a decoración, pero es acercarse esas fechas, y me vuelvo la Reina del Brilli-Brilli

Ya sé, es un poco raro, no me pega, pero soy así.

Con estos antecedentes, cuando yo vi un cartel que anunciaba «Decoración Navideña» en Harrods, me vine arriba y pensé, «esta es la mía»

No sé el tiempo que pasé allí, dando vueltas, mirando todo una y otra vez, haciendo fotos. Y compré, a un precio vergonzoso, pero compré varios adornos.

Mi madre escandalizada, Emma sonriente de verme disfrutar, y yo feliz.

Porque yo lo valgo

Este verano me he matado a trabajar, jornadas de hasta 13 horas, para esto precisamente, para hacer de este viaje, algo inolvidable, así que me sentí bien al malgastar el dinero que tanto dolor me había costado ganar.

Y seguimos de compras, porque de Harrods hay que traerse un recuerdo, en la sección barata, por supuesto, pero compramos; Emma un bolso (que para nuestra economía, barato lo que se dice barato tampoco fue) y yo un juego de neceser (creo que nunca se tienen suficientes)

Un día perfecto que aún no había acabado

Cargadas de bolsas, después de un intenso día de tiendas, volvimos al hotel.

A mi destrozado y cansado cuerpo le costó mucho llegar al hotel; pero llegó, llegamos. Mi Fibromialgia y yo lo conseguimos.

La sensación de descalzarse, fuera ropa y tumbarse en una cama es indescriptible.

Por un lado, tumbarme, estirarme, en la cama, me produce muchísimo dolor, desde la punta del dedo gordo del pie, hasta las puntas de mi pelo; pero a continuación, cuando ya está estirado, la sensación de descanso, es tan gratificante.

La verdad es que me recupero bastante con el descanso, en este sentido la Fibromialgia es bastante considerada.

Lo dije al inicio del relato del viaje, con el primer post; no voy a hablar de dolor ni de cosas negativas; de manera, que me quedo con lo bueno; pude llegar al hotel y descansar.

Para volver a salir, esta vez, por la zona del hotel, Paddington, para cenar. Teníamos que probar el famoso fish and chips.

Realmente está bueno, demasiada grasa, tanto frito y rebozado, pero muy bueno, es cierto.

Ya sólo nos quedaba, un paseo por el barrio para bajar la cena un poco, y de vuelta a la habitación, a dormir, descansar y recuperar fuerzas, de cara al siguiente día.

De iglesias, tiendas y alturas

Como siempre, nos levantamos temprano, (creo que ya os he contado en alguna ocasión, que la Fibromialgia no me ataca demasiado por la mañana, no me suelo levantar rígida), e iniciamos el recorrido de buena mañana, tan de buena mañana, que tuvimos que esperar a que abrieran en nuestro primer destino; la Catedral de San Pablo.

Es sencillamente espectacular, la recorrimos con audio-guía, de manera que cada una a nuestro ritmo, avanzábamos por su interior.

Al acabar el recorrido, continuamos nuestro camino, por el distrito financiero de Londres, pasando por delante del edificio de la Bolsa, así como de los principales bancos del país.

Una zona lujosa, bastante tranquila, imagino que por ser agosto.

El edificio Sky Garden, con sus 38 plantas, (las 3 últimas dedicadas al Jardín del Cielo) con sus 160 metros de altura, era el siguiente destino.

Nuevamente me veía en las alturas, mareada, pero fascinada al mismo tiempo, ya que las vistas son impresionantes.

No se quejará la Fibromialgia, la he llevado a los lugares más altos este verano.

Ahora voy a hacer una parada para explicaros algo sobre las tiendas.

De compras

Que en Londres hay miles de tiendas de ropa no es ninguna novedad, pero sí supone un gran cambio para alguien, que como nosotras, viene de una ciudad pequeña, en la que si quitamos el imperio inditex y algún otro más pequeño, no hay más.

Es cierto, en Alicante no hay variedad de tiendas, tenemos las típicas en los centros comerciales, y en la zona comercial del centro de la ciudad, y pare usted de contar.

Con esta base, en Londres, pues alucinamos, evidentemente, y con razón.

Yo creo, que no nos dejamos una sola tienda de ropa, de mujer al menos, sin visitar. Y claro, ante tanta oferta, pues acabamos comprando.

Sumado a esta variedad, decir que, descubrimos TK-maxx, y eso ya fue la locura.

Vengo diciendo, repitiendo, constantemente, que era un viaje para disfrutar, que era un sueño, que era el viaje de nuestras vidas. Por lo que un viaje de tal envergadura e importancia, no podíamos recordarlo como el viaje en el que nos quedamos con las ganas de….

De nada, absolutamente de nada.

Para que os hagáis una idea, en el viaje de ida, nos llevamos una mochila vacía, por si acaso, pues en el de vuelta, no solo la llenamos, e incluso tuvimos que comprar otra, que también llenamos.

No, es que tuvimos que tirar ropa para poder traer la nueva.

Sí, habéis leído bien.

Haciendo hueco en las maletas

Tirar ropa.

No nos entraba en las maletas y mochilas todo lo que habíamos comprado, y ya no íbamos a gastar más dinero en otra maleta, y además, facturarla.

La solución, la planteó Emma, «Pues yo tiro calcetines y ropa interior, y hasta el pijama, y hago sitio». Ante tal afirmación mi madre, puso el grito en el cielo, evidentemente, «¡tirar ropa!», y yo no pude más que reír.

Tirar ropa.

Y sí, lo hicimos.

El último día, preparando la maleta, apartamos todos los calcetines, parte de la ropa interior y algún pijama; dividiéndolos en dos montones:

  1. Tirar.
  2. Susceptible de ser tirado.

Teníamos 2 maletas, y 3 mochilas para llenar, y allí estaba Emma, intentando que entrara todo, mientras yo, tumbada en la cama, intentado recuperarme y que la Fibromialgia me devolviera la capacidad de andar; le doblaba todo una y otra vez.

Lo que nos reímos en ese rato, es difícil de explicar, y sin duda de olvidar. Emma y sus montones de ropa; ni rellenar las zapatillas de deporte con ropa, ni doblar haciendo rollitos todo, ni tirando útiles de aseo (que alguno también fue a la basura).

No nos entraba todo, de forma que, el montón de tirar iba creciendo.

Y sí, señoras y señores, en Londres, en un precioso hotelito de Paddington quedaron calcetines, bragas, 2 pijamas, pasta de dientes, desodorante y alguna cosilla más.

Hasta que por fin, entró todo en maletas y mochilas.

Este viaje será recordado por el Muro de Berlín, por el London Eye y por los calcetines que jamás regresaron a casa.

Cuando dejéis de reíros, os sigo contando

La Torre de Londres y el Puente de la Torre de Londres

Aún no era medio día, y ya nos encontrábamos junto a la Torre de Londres; es lo que tiene madrugar, aprovechas muchísimo el día.

No entramos a verla, nos conformamos con ver su exterior, cabe recordar que en 4 días, no da tiempo a todo, y pese a eso, nuestro ritmo, nos permitió hacer rutas muy completas.

Continuamos el paseo junto al Támesis hasta alcanzar el Puente de la Torre de Londres

244 metros de puente, a reventar de coches y personas, muy estresante todo, como siempre.

Es muy bonito, y de repente, tienes la sensación de estar paseando por un lugar importante, conocido mundialmente, protagonista de mil y una historias, y ahí estaba yo.

En el puente que ha salido en tantas y tantas películas, paseando, como una turista más, haciendo realidad un sueño, feliz, muy feliz.

La mañana ha sido intensa, hemos recorrido varios kilómetros, y aún nos queda mucho para completar el día, mi cuerpo, mi Fibromialgia se resienten, así que hacemos una parada para comer.

Eso sí, sin tiempo de volver al hotel a descansar, ya que a las 15h, teníamos reservada la entrada en la Abadía de Westminster. ¡Qué estrés!

Abadía de Westminster

La emoción de visitar un lugar que acumula tanta historia entre sus muros, hizo que mi Fibromialgia aguantara un poco más.

Y aunque, en más de una ocasión admiré su belleza sentada, en los bancos y sillas de la nave central, las 2 horas que tardé en recorrerla entera, se me hicieron cortas.

Es un lugar impresionante, precioso, no tengo palabras para describir tanta belleza, si por mi fuera, hubiera pasado más tiempo recorriendo los pasillos, admirando cada obra de arte; pero ya se sabe que en vacaciones, si optas por hacer turismo y ver cosas, conocer la ciudad; el ritmo es trepidante, y hay que aprovechar cada minuto.

Eran más de las cinco de la tarde, cuando por fin, pude estirarme en la cama de la habitación, y descansar un poco.

Candem

Hasta el momento habíamos cumplido con el programa previsto, incluso habíamos añadido alguna visita extra.

Yo ya no sabía en qué día nos encontrábamos, ni lo que nos quedaba por visitar; tan sólo sabía que cada vez me costaba más mantener el ritmo.

No obstante, no pensaba rendirme, y entre el ratito de descanso en la habitación, y los traslados en metro y autobus, que aprovechaba para sentarme; conseguía sobrellevar cada día.

Y en metro nos fuimos a Candem.

Nosotras, españolas, acostumbradas a nuestro horario de verano, no caímos en la cuenta, que ese horario no servía aquí en Londres; por eso, cuando llegamos a Candem, nos decepcionó un poco, que ya estaban cerrando, incluso había muchos comercios ya cerrados, y eran las siete y algo de la tarde.

Pese a todo, nos pareció un lugar peculiar, distinto, y sobre todo, original, muy original.

Recorrimos sus calles, sorprendiéndonos a cada paso; paramos en tiendas, en el mercado, y aunque con poco ambiente, nos gustó mucho.

Fue una visita corta, pero inolvidable; con la que dábamos por acabado un día más en la ciudad.

Nos quedaba sólo uno, un sólo día para acabar el viaje y volver a casa.

The British Museum

La última mañana en Londres la dedicamos el Museo Británico, para mi era una visita indispensable, y dado que no pudimos entrar el día de nuestra llegada, habíamos pospuesto la visita al último día.

La idea era madrugar y llegar antes de que abrieran para entrar de las primeras.

Lo conseguimos, evidentemente, nos dejaron entrar un tiempo antes de abrir las puertas del museo, para poder pasear y admirar, (y por supuesto comprar) por el gran Atrio.

De esta visita, no sé que contaros, no sé como resumirla, porque la verdad es que, para mí, fue un sueño.

Las más de 3 horas que pasamos recorriendo galerías, para mí se pasaron rapidísimo; no así para mis acompañantes, a las que veía sentarse de vez en cuando a esperarme.

3 horas y algo que se podrían convertir en 3 semanas y seguiría faltándome tiempo para verlo todo.

Hay tanta historia, tanto arte que creo que no acabaría nunca de admirar las obras expuestas.

Para que os hagáis una idea, tengo más de 400 fotos de esta visita.

El viaje de nuestras vidas

Y con la visita al Museo acababa nuestro viaje, volvimos al hotel a coger las maletas, y directas al aeropuerto.

Se acababa la aventura, el viaje de nuestras vidas.

Siento que me haya quedado tan extenso el relato, pero de verdad, que la ocasión lo merecía. Aún así, con los 3 post que he escrito, me he dejado muchísimas cosas en el tintero, que me hubiera gustado relatar.

Lo más importante creo que está, lo que os quería hacer llegar, creo haberlo conseguido; esto es, la felicidad absoluta, la gran cantidad de momentos compartidos, de recuerdos creados.

La Fibromialgia, el Dolor Crónico me han acompañado estos días, pero no les he permitido ningún tipo de protagonismo, ni un sólo minuto. Por mucho que han insistido, no lo han conseguido.

Como he dicho anteriormente, escribo para recordar; ya que sé, que por desgracia, la Fibromialgia, la fibroniebla, me dificultarán un día, sacar de mi mente los recuerdos de este maravilloso viaje. De manera que tan sólo tendré que abrir el blog y releer, volviendo así a soñar, a disfrutar, a vivir estos increíbles días vividos, compartidos.

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