Noches de insomnio

Sueño y Fibromialgia

Hacía tiempo que no me sucedía, pero aquí estamos, amiga Fibromialgia, las 2 de la mañana y despiertas.

Es cierto, hacía meses que no me pasaba, y para ser sincera, me aterra pensar que esa época, puede volver.

Con esa época me refiero a días interminables de 20 horas despierta; insomnios tan largos y noches tan cortas.

Cuando esto me sucede, por ejemplo como hoy, que he dormido a ratos de las 23 a las 2h, y tras pasar un rato sin dormir, totalmente despejada he decidido levantarme. Cuando esto sucede, decía, por mi cabeza pasan mil ideas, algunas bastante negativas.

Y tengo que hacer un gran trabajo de autocontrol, ya que como digo, algunas de estas ideas son bastante catastrofistas.

Tan corta la noche y tan largo el insomnio
Tan corta la noche y tan largo el insomnio.

Buscando culpables.

En primer lugar, mi mente busca justificar este desvelo, y comienzo a repasar mi día, en busca de la más mínima excusa a la que echar la culpa.

Pero evidentemente, las excusas que encuentro no se sustentan por sí mismas, ya que son del tipo:

  • He dormido siesta, 45 minutos de siesta, no te llevan a una noche de insomnio.
  • He tomado una coca-cola, nunca me ha afectado al sueño, estoy acostumbrada.
  • No estoy cansada; hoy a ritmo «sábado de vermú», pero también he paseado.
  • Estoy preocupada, tengo problemas; no especialmente, precisamente me encuentro muy relajada y tranquila, después de unos días regulares.
  • El dolor se ha disparado; pues no, la verdad es que no, ha vuelto a sus niveles normales.

Las excusas se desvanecen en el momento en que las racionalizo, perdiendo todo su sentido.

No hay excusas, pero el insomnio sigue, ya son las 4 de la madrugada, y no veo que haya perspectiva de dormir.

El siguiente paso es pensar, «bueno, será que sencillamente toca no dormir esta noche»

La siguiente culpable es, sin duda, la Fibromialgia, y su compañero el Dolor Crónico.

Fibromialgia, Dolor Crónico y sueño, mala combinación.

Está más que demostrado que la fibro provoca alteraciones en el patrón de sueño, ya sea por microdespertares que interrumpen el ciclo de descanso; por el dolor que te impide descansar correctamente; o por la alteración o hiperactividad del sistema simpático.

Da igual quién sea el culpable, la realidad es que son las 4 de la madrugada de un domingo, y aquí estoy yo, delante del ordenador, buscando algo que justifique mi vigilia.

Las ideas siguen bullendo en mi despejada cabecita.

Ya he encontrado culpable; e irremediablemente surge la siguiente pregunta, que eriza mi piel, por el miedo, la angustia que provoca en mí, sólo pensarlo.

¿Va a dar comienzo otra racha de despertares intempestivos?

Sólo de pensarlo me dan escalofríos.

La historia se repite.

Y es que, tal como contaba en otra entrada, hace unos meses, titulada No duermo.

Esto no es vida, no es calidad de vida, porque me levanto mal, y cuándo mi cuerpo, mi mente empiezan a despejarse, es ya la hora en que mi energía se ha consumido y dolor, agotamiento y ansiedad se disparan. Y que a nadie se le ocurra nombrar el dichoso vasito de leche caliente por la noche, ni acostarme sin móvil ni ordenador, ni la ducha caliente, ni ningún otro consejo en plan madre de “tú lo que tienes que hacer es”, porque creedme que en 15 años con fibro lo he probado todo.

Pero, al igual que contaba en la citada entrada, sigo pensando, ya que mi energía es limitada, que no dura todo el día. Ya que el insomnio, el dolor, el cansancio, y otros problemas asociados, me acompañan siempre, elijo centrarme en vivir, sentir y disfrutar la vida; porque, y no me canso de repetirlo, es maravillosa.

Así que, si hay que pasar malas noches, pues se pasan, y los malos días también, que le vamos a hacer; pero no van a frenar mi vida.

Sigo y seguiré #SiempreAdelante.

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