No me gusta la Navidad.

Ale, ya lo he dicho, no me gusta la Navidad.

No me gusta la Navidad, y es la cuarta vez que empiezo a escribir, porque todo me sale demasiado negativo, demasiado triste y tampoco quiero amargar a nadie, quitarle la ilusión por estos días.

Pero es que no me gusta. Mi hija ya ha crecido, y la verdad es que recuerdo con añoranza los años en que veía estas fiestas, disfrutaba estas fiestas a través del azul de sus ojos.

Claro que siendo sincera, igual que siempre; hay algo que sí me gusta de estas fechas, y es la decoración, las luces, los árboles de navidad, las velas, eso; me encanta.

Me encanta esa explosión de luz, de brillo; me chifla visitar tiendas de decoración y mirar embobada las estanterías repletas de artículos navideños, bolas para el árbol, adornos para casa, velas, centros de mesa; me los compraría todos; pero me conformo y soy feliz, encontrando un pequeño y asequible detalle; montando mi sencillo y divertido árbol de navidad.

Y ya está, hasta aquí mi navidad; al menos lo bueno que para mí tienen.

El resto, son (exceptuando los años que como he dicho, mi hija era pequeña) recuerdos negativos, pérdidas, complejos, miedos, inseguridades.

Y dolor, desde hace muchos años, dolor.

Porque mi amiga la Fibromialgia es así, y no me deja sola nunca, es más diría que en invierno está más pegada a mí.

Quizás os preguntéis qué tiene que ver la fibro con la navidad, pues es muy sencillo; Navidad son reuniones familiares, compras, trasnochar, comidas, cenas; osea, todo tipo de excesos, y la fibro es tajante en este sentido, todo sobreesfuerzo se paga en forma de dolor, de más dolor.

Imaginad, yo tengo energía normalmente para unas 8 horas de actividad (con un nivel de dolor de 6/10), a partir de ahí, si sigo activa, el dolor se hace más fuerte, (sube a 8 o 9/10), necesito más medicación, y el cansancio es mucho mayor también.

Ahora imaginad el día de Nochebuena, a las 7 de la tarde yo ya estaba agotada, y aún quedaba arreglarme para la cena, y cenar; en casa de mi madre, somos pocos, 7 personas. Cuando llegué a su casa ya me costaba moverme, y estaba cansada; (normalmente a esa hora ya estoy en la cama), pero aún me esperaban 5 horas sentada, 5 horas en una silla, con la espalda destrozada, con las piernas agotadas, con las manos dormidas.

5 horas.

El clarísimo sobreesfuerzo no me dio tregua, y tras una mala noche, el día de Navidad no pintaba nada bien; me levanté pero no pude más que hacer el desayuno antes de volver a la cama, sin energía y con un dolor tremendo.

Me volví a levantar para comer, otra vez horas en una silla, otra vez más dolor. Y después de comer volví a mi refugio, a mi cama, para seguir tomando pastillas con el vano deseo de mitigar el dolor, cosa que evidentemente no ocurrió.

Ya no hablo de la navidad de ausencias y pérdidas; hablo de la Navidad con dolor.

Hablo de los días que me ha costado recuperarme de la cena de nochebuena y del dolor tan intenso que me produjo el simple hecho de estar sentada a una mesa.

Hablo del gran esfuerzo que me ha supuesto la tarde de puestecitos de navidad y Starbucks con mi hija, del paseo por el centro de la ciudad cogida de su brazo para poder andar.

Hablo de dolor.

Porque el dolor crónico no entiende de fiestas, ni de familia, ni reuniones, ni de polvorones.

No entiende de hacer felices a los demás, ni siquiera de la propia felicidad. El dolor simplemente está, la fibromialgia simplemente está, con sus normas, sus límites.

Estaban cuando mi hija era pequeña, pero entonces me esforzaba por ella, para ella. Aún recuerdo las horas de espera, sentada en una silla en plena calle, para ver la Cabalgata de los Reyes Magos, yo iba antes, mucho antes de la hora, para coger sitio, y poco antes de que empezara mi madre venía con ella, y veíamos la cabalgata en primera fila, provistas de grandes bolsas donde meter los regalos y caramelos que desde las carrozas lanzaban.

Pasaba 6 horas sentada, acababa sin apenas poder andar, pero mi hija era la niña más feliz del mundo. Con eso me bastaba.

Y a día de hoy sigue siendo igual, yo elijo quien vale la pena; por quien elijo esforzarme, sobrepasarme; y creedme si os digo que la lista es breve, muy breve.

Cuidar de ti, no es egoísmo, es supervivencia.
Cuidar de ti, no es egoísmo, es supervivencia.

Por mi hija lo hago; me sobreesfuerzo, sobrepaso mis límites, porque me compensa, porque vale la pena, y porque me da la gana. Y por ella me paso toda una mañana de compras, me recorro 2 centros comerciales, espero fuera del enésimo probador mientras decide que no le gusta nada, por ella sí; por verla feliz cargada de bolsas, por verla feliz mientras comemos algo nada saludable, por verla feliz cuando me agarro a su brazo para poder seguir.

Por ella, todo es más fácil, todo cobra sentido.

Y en esta marejada de fiestas, excesos, dolor; intento mantenerme a flote, mantener mi ánimo, mi positividad, mi optimismo, a pesar de lo complicado de las fechas a nivel emotivo, pero la fibro, el dolor crónico no me lo ponen nada fácil, no ayudan; muy al contrario, me recuerdan a cada instante que existen, y que, por tanto mi vida transcurre a otro ritmo.

Otro ritmo que he aceptado, otro ritmo que para mí es mi vida normal, y a ese ritmo, lento, pausado, sigo #SiempreAdelante.

Esta es #LaOtraNavidad, la de los pacientes con dolor crónico, de los #pacientesquecuentan https://goo.gl/WQgeaV

Si quieres saber más sobre #LaOtraNavidad de https://www.tuvidasindolor.es/ visita https://goo.gl/VeVCBw

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